Texcoco, Estado de México a 10 de septiembre del 2014

 

Compañeros y compañeras del Plantón
Queridos acompañantes de esta audiencia
Hermanos y hermanas:

Les saludo con el respeto y el cariño de siempre. Gracias por su presencia y apoyo.

Les comparto mi optimismo y mi pesimismo, no sin avisarles que estoy bien en general; estos días he estado leyendo, escribiendo, dibujando, meditando profundamente y dialogando con distintas personas interesantes. También estoy yendo a la escuela, al “taller educativo” donde habemos internos que han concluido bachillerato a que tienen algún grado de estudios superiores, ahí tengo bajo mi responsabilidad una sección del taller que corresponde a Metodología de la Investigación: para mí es muy estimulante esta actividad, aquí estoy pulsando con toda claridad el valor del aprendizaje, de la información científico técnica y sobre todo de la didáctica; hay que enseñar sin libros, sin copias, sin gises de colores, sin computadoras, sin internet, y hay que hacerlo con procesados y sentenciados que llevan desde dos meses hasta diez años presos.           

Estoy optimista porque hemos tramitado al amparo contra el auto de formal prisión que me dictó el Juez Sergio Berinstain y que confirmaron los magistrados de la penal. En ese amparo estamos exigiendo mi libertad porque tanto el juez como los magistrados violaron el debido proceso y mis derechos humanos, atentando contra la Constitución y abusando de su poder arbitrario.

No hay juez más benévolo que el que juzga su propia causa.

Por eso Anaya alaba tanto su tribunalito.

Los derechos de la Mujer deben salvaguardarse

La lucha de la mujer por la igualdad frente a los hombres es de las más importantes que se desarrollan a lo ancho y a lo profundo de la geografía planetaria. A diario vemos cómo se le discrimina y se le otorga un trato indigno de su condición de persona titular de derechos. Es legítimo su reclamo de trato equitativo en todos los espacios de la vida social.

Sólo que junto al feminismo congruente ha surgido una tendencia a usar el tema para señalar a los hombres como intrínsecamente perversos, incapaces de entender al otro género y predispuestos a perpetrar agresiones incluso delictuosas en contra de cualquier mujer. Invocando las convenciones internacionales y las normas nacionales que protegen a las mujeres, se tergiversan los hechos y se desnaturaliza una lucha por demás válida.

Es muy valioso que se estén creando mecanismos para proteger a la mujer de actos de acoso, hostigamiento o cualquier forma de abuso en contra de su persona, de su integridad y de sus posibilidades de desarrollo. Pero también hay que prevenir el mal uso de esos mecanismos protectores, para que no se fomente el odio hacia el hombre. Todas las mujeres merecen iguales consideraciones, aunque no odien al género masculino.

 

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