Las masas trabadoras son flageladas por diversos males que le esquilman la integridad humana, el capitalismo genera infinidad de enfermedades que mutilan centenares de vidas al día sin que nadie repare en la gravedad de las mismas. La población más vulnerable ante el actual fenómeno pandémico es quien vive en condiciones paupérrimas, quien sobrevive con salarios de hambre y es lacerada por las afecciones producto de una vida azarosa determinada por las relaciones de explotación económica.

Las medidas adoptadas por los gobiernos ante la contingencia son disímiles, sin embargo, la mayoría de ellas no tienen que ver con aspectos de salubridad, el fenómeno sanitario sirve de parapeto para justificar políticas antipopulares que encubren la esencia de fondo, la privatización de los derechos fundamentales y el paulatino desmantelamiento del sistema de salud público y la precariedad en la que se debate la fuerza de trabajo en el país.

El despliegue de mil 400 efectivos del Ejército mexicano y la Guardia Nacional en la Ciudad de México y su concentración en los centros hospitalarios es el indicativo irrefutable de que las medidas coercitivas son el mecanismo con los cuales la administración federal planea hacer frente al fenómeno mundial.

La existencia de la nueva cepa viral no es tema de discusión, lo que la opinión pública coloca en tela de juicio es el surgimiento espontáneo, porque es precisamente en un momento de crisis capitalista que nace un virus como este que llama a los diferentes países a adoptar medidas económicas que coloca a las economías dependientes en una condición aún más precaria debido a los mecanismos económicos más que sanitarios.
El mundo conoció las distintas formas de hacer frente a un fenómeno pandémico de carácter ecuménico, los países de Europa asumieron medidas coercitivas en lugar de sanitarias y el resultado fue una cifra amplia de víctimas mortales, Estados Unidos tiene el récord de mortalidad pese a su jactancia de tener avanzada la investigación de la vacuna para atender los contagios por SAR-Cov-2.

En México la cifra aún es reducida, empero, eso no genera un clima de confianza en todos los mexicanos porque lo que nadie duda es que las consecuencias más agudas son en aquellos sectores donde la precariedad es el común denominador. Enfermedades crónico degenerativas potencian los efectos de contraer la enfermedad producto de la nueva cepa viral y éstas son generalizadas en las masas explotadas y oprimidas.

Existen muertes por hambre en toda la geografía nacional que pasan desapercibidas en la opinión mediática, la estadística oficial no repara en la advertencia que el flagelo de la pobreza causa millones de víctimas en todo el territorio mexicano, las cuales, superan con creces a la cifra de decesos ocasionados por el coronavirus. Ello no significa que se desestime la letalidad de la nueva cepa viral, empero, es la pobreza y miseria las que incrementan su letalidad, por lo tanto, una víctima de este virus es por añadidura, víctima del oprobio del régimen.

La pobreza y el COVID-19 se convierten en la ecuación letal que lacera a determinado sector de la población. Es verdad que hasta ahora los efectos son más sentidos en aquel sector social vinculado a la burocracia, la farándula y profesional, no obstante, muchos de ellos logran salir abantes de los efectos nocivos del contagio debido a su estatus social de cierta holgura, pero en aquella humanidad lacrada por la explotación y la miseria el escenario no es nada halagüeño.

Pocos parten del hecho de que las enfermedades crónico degenerativas que padecen la mayoría de los mexicanos tienen origen en el pauperismo que campea en las masas trabajadoras, resulta más cómodo establecer que las afecciones tienen punto de partida en los descuidos humanos, a la mala alimentación y los diversos vicios de la sociedad mexicana, pero es preciso tomar en cuanta que en una condición laboral de más de 12 horas, por mucho esfuerzo que haga el elemento de adquirir fuentes saludables de alimentación, el resultado es nulo.

La letalidad del nuevo virus va en estricta correspondencia con las condiciones de miseria en el pueblo, esto aplica para nuestro país, dada la pronunciada dependencia económica. La situación es diversa en aquellas naciones imperialistas, ahí la mortalidad tiene explicación en la imposición de políticas económicas que conducen a la privatización de la salud, a mercantilizar las necesidades humanas, con lo cual condenan a la población a perecer.

Análisis y opinión completa en: FNLS

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