Imagen: jesuscm

 Reclusorio Molino de las Flores
Texcoco, estado de México a 19 de Noviembre de 2016

A mis jóvenes amigos y amigas
De la secundaria Isidro Fabela

Recibí sus maravillosas cartas apenas el jueves pasado, sé que las mandaron desde hace varios meses pero la correspondencia tuvo muchas complicaciones, una disculpa por ello.

Sin embargo, como una bendición, sus palabras, sus expresiones, dibujos e ideas, me llegaron en el justo momento en que lo necesitaba, para aliviarme en mucho el desánimo y la desesperación que causa el encierro.

Recibo su energía, su lenguaje sincero y su deseo por mi libertad. Sus interesantes comentarios en torno a mi librito “Los tres gatos” que les ha compartido la profesora Nancy, a quien saludo con admiración y respeto, me dejan entusiasmado para seguir con mi narrativa. Me alegra mucho que hayan dedicado un poco de su tiempo para leerlo y para escribirme, gracias, muchas gracias.

Algunos de ustedes me hacen preguntas, otros me comparten ciertas experiencia relacionadas con gatos o con injusticias; algunos incluso me brindan el honor de pedirme consejo. Así que quiero hablarles un poco de lo que estoy viviendo.

Me he percatado que poseo un tesoro impresionante: lo puedo prestar, compartir, regalar y nunca se me acaba; lo puedo llevar siempre conmigo y no necesito costal, mochila, camioneta, ni contenedor alguno; nadie me lo vendió, ni fue producto del comercio, mucho menos de alguna tranza; nadie podría robármelo, no requiere caja fuerte, cuenta bancaria, monedas, billetes o tarjetas; no estorba, ni se guarda bajo el colchón; es más, hasta creo que nadie lo envidia y nadie, pero nadie, lo desprecia.

¿No adivinan?

Es mi capacidad de escribir.

Por ella en este momento les estoy hablando. Por ella me he podido defender haciendo oficios, haciendo trámites; he ayudado a muchos internos para que no queden indefensos; he servido a quienes quieren hablar a su familia, a su abogado; a quienes necesitan mandar una carta de amor… pero no saben escribir. Gracias a esta capacidad puedo comunicarme aunque no tenga mi celular, aunque no tengo acceso a una computadora, aunque estamos bloqueados a las señales satelitales y aunque nos encontramos en el peor rincón de la sociedad. Escribir es la mitad de todas las salvaciones, la otra mitad es que alguien te pueda leer.

Me enseño a escribir mi mamá y luego los maestros. Escribí en primaria, en secundaria, en prepa, universidad, maestría y doctorado, pero no sabía que es el tesoro que me salvaría en la cárcel. Aquí, el que escribe sobrevive y triunfa, es respetado, apreciado. Cuanto más escribas; mas palabras, más ideas, más derechos, más poseía, más protesta, te abrirás caminos y te rodearas de escudos que nunca pensaste utilizar.

Pero en mi tesoro hay otra joya, es majestuosa: la voluntad para leer.

Cuando leo, aunque esté tras las rejas, me pongo enfrente de los viajeros, de los expertos, de los amantes, de los filósofos, de las hermosas narradoras, de los astrónomos, de los periodistas, de los más hábiles albureros, de los misteriosos brujos y santeros; y los puedo escuchar, ver, sentir; y los muros de concreto gris, los barrotes de hierro, las esclusas de los custodios, se desvanecen derrotados, por los inofensivos párrafos, y por las cándidas letras. He tenido en mis manos durante toda la vida periódicos, revistas, folletos, libros. Hasta hoy encuentro el gigantesco valor de leer y comprender la palabra, porque hace infinita la celda y porque acompaña la soledad…porque no te deja sucumbir en el hartazgo de la prisión.

Tengo otra alhaja preciosa, con más valía que el oro, los diamantes o el petróleo, porque es muy rara y muy escasa pero yo la he conseguido aprendiéndola durante cada día de mis 50 años de vida: el respeto a los demás. El que respeta con el lenguaje, con los actos y con el espíritu, es respetado o respetada.

En la cárcel me respetan porque respeto a todos. A aquel que es acusado de robo, al que acusan de violación, al que era policía, al que de asesino, al preso indigente, al adicto, al nagual (el que roba en las celdas), al custodio extorsionador, al que abusa de su corpulencia, al que tiene más dinero, al más flaco, al deforme, al insoportable. Respetar implica aceptar que los otros estén, hagan y sean lo que puedan y quieran. Pero claro está, si nadie debe humillarse ante uno, uno tampoco debe humillarse ante nadie. El respeto no es sumisión ni aceptación ciega, es el ejercicio de la razón y el ser, sin menoscabo de los otros. Si no insulto a otros, no aceptaré que me insulten; si no me presto a la corrupción, no pediré privilegios pagados: si yo no abuso de otros, no permitiré que abusen de mí. El respeto a los demás es un traje especial que todos pueden ver y que te hace diferente aunque vistas del mismo color y estés en el mismo reclusorio.

El respeto es la criatura más maltratada en todos lados, no sólo en la cárcel, pero aquí es donde se concentran los más irrespetuosos: personas con su moral degradada y que por maldad, ignorancia, necesidad o carácter descontrolado afectan a otros imponiéndoles su voluntad, cuando se les agrede, se les engaña, se les secuestra, se les viola o se abusa del poder o la superioridad. Los que saben respetar a los demás, son respetados. Se los aseguro, jóvenes compañeros y compañeras.

Algunos de ustedes me preguntan cómo pueden ayudar, qué pueden hacer contra la prisión injusta. Hay dos formas en las que pido su apoyo:

Primero, cultivar y practicar en su escuela el escribir, el leer y el respetar, eso les dará audacia e inteligencia para sobrevivir, defenderse y triunfar en la vida, pero sobre todo en las desgracias. Todos estamos expuestos a los atropellos de policías, delincuentes y procuradores de justicia, debemos estar prevenidos.

Segundo, informarse, dudar y difundir mi caso y otros muchos similares. Los aparatos de justicia se sirven de la desinformación y de la manipulación de los medios de comunicación para hacernos creer que cumplen sus obligaciones conforme a las leyes. Es necesario preguntarse y buscar la verdad para formarse opiniones solidas con versiones no sólo de la autoridad o de una de las partes, sino confrontando razonadamente las distintas posiciones en cada caso. Es necesario difundir nuestra inconformidad para que de manera pacífica construyamos redes de comunicación y de acciones solidarias.

Nuestro sitio www.niunpresuntoculpablemas.org está a su disposición para este fin.

Jóvenes, amen a su familia y a su escuela. Les abrazo y espero pronto poder saludarlos.

¡Que florezca la libertad y se multipliquen los caminos de lucha!
¡Nos faltan 43!
¡Hasta la victoria CNTE!
¡Las queremos de regreso a casa!

Oscar Hernández Neri
www.niunpresuntoculpablemas.org

 

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