El pueblo de México fuimos testigos de dos acontecimientos naturales producto del movimiento mecánico de las placas tectónicas, el pasado 7 de septiembre un sismo causó estragos en poblaciones del litoral del pacífico en los estados de Chiapas y Oaxaca; el 19 del mismo mes, nuevamente el movimiento telúrico surte efectos en estados del centro del país, donde las consecuencias aún no son totalmente cuantificadas.

Un terremoto es un fenómeno natural que hasta el momento es imposible predecir, por lo que el factor sorpresa lo coloca como uno de los acontecimientos cuyos saldos pueden ser letales, no obstante, sucesos tristemente célebres como este sacan a flote la corrupción de las instituciones que lucran con el dolor del pueblo.

La solidaridad entre hermanos de clase es vasta, sin embargo, lo que estos fenómenos dejan al descubierto es la perversidad de los gobiernos en turno quienes en contubernio con los empresarios hacen del dolor de los damnificados un jugoso negocio. Es verdad que ante los llamados de insumos de primera necesidad, varios sectores populares comenzaron a hacer llegar distintos productos, muchos de ellos adquiridos recientemente en las cadenas monopólicas transnacionales.

La “ayuda humanitaria” que llegó a Oaxaca tiene un origen en el pueblo, los “donativos” que empresas financieras llamaron a realizar es nuevamente con la intención de generar la coartada para evadir impuestos, así como especular con la desgracia del pueblo. En los hechos representan la justificante para que se hagan manejos perversos a fin de apuntalar contiendas electorales.

Anticiparse a los fenómenos naturales está fuera de nuestra voluntad, no existe la forma de saber el momento preciso de su surgimiento, pero cuando éstos se presentan, lo que hacen es desnudar la política del gobierno, una política que no está en función de los intereses populares porque desnuda su condición antipopular y antihumana.

Los cientos de hogares destruidos por los sismos y las vidas que lamentablemente se extinguieron, exhiben las miserias de la democracia burguesa, porque los políticos de oficio sólo intentan dar consuelo con discursos demagógicos, dar explicaciones sin sustento, cuando lo real es que quienes están al frente de las labores de rescate es el pueblo mismo.

Los supuestos planes de apoyo a la población resultan un acto para imponer en la vía de los hechos el Estado policíaco-militar, a las zonas de desastre se envían decenas de militares quienes lejos de coadyuvar crean un ambiente de descoordinación entre las brigadas de rescate.

Ante los medios de comunicación se presenta a la marina y el ejército como los paladines de la justicia, los garantes de la estabilidad, con esta campaña publicitaria se pretende limpiar la imagen de unas fuerzas que son los responsables del baño de sangre en el pueblo, sobre quienes pesa la responsabilidad del cometido de miles de crímenes de lesa humanidad.

No se nos olvide que esos militares, policías federales, elementos de la marina son los que han cometido crímenes de desaparición forzada y ejecución extrajudicial. En Oaxaca las víctimas son del magisterio democrático de la sección XXII, de comunidades que luchan por la defensa de la tierra integrantes del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT); Nochixtlán; entre otros ejemplos de son el fiel testimonio de esta realidad de terrorismo de Estado.

La actitud usurera de los monopolios bancarios no se oculta ante fenómenos de esta naturaleza, inmediatamente se activan los mecanismos de supuesto apoyo a los damnificados, que en la vía de los hechos constituye un elemento de usura; campañas “altruistas” como incentivar el donativo mediante el cual ellos donarán un peso es un vil engaño, porque a nivel financiero es una manera de eludir impuestos.

Lo mismo sucede con los víveres que son enviados a las comunidades y ahora a la Ciudad de México; la mayoría de éstos son recabados por aportaciones del mismo pueblo, pero son los representantes de las instituciones quienes se congratulan de “ayudar” a los damnificados.

Resulta un verdadero absurdo las declaraciones de algunos funcionarios donde sostienen que con 20 toneladas de alimentos el problema del sismo se encuentra “casi” resuelto; esta estimación en comparación con la cifra que se documenta de personas damnificadas, resulta que cada persona tiene resuelto el problema con 600 gramos de “ayuda” gubernamental.

Del Estado no sale un peso, ni de los dueños bancarios, esa es la verdad que nadie debe desconocer, por mucho que se presenten como los más conmovimos, eso es demagogia en su máxima expresión.

Desde el gobierno federal y los partidos políticos lucran con la desgracia del pueblo, también quedan desnudadas las miserias del régimen, es banal el argumento de Nuño Mayer que sostiene que la cuantificación de daños “llevará su tiempo”, que la base de datos se tardará para precisar la zonas devastadas; esto lo único que manifiesta es la maraña burocrática para echar a andar los recursos del fondo de desastres, lo mismo del profundo desconocimiento de la geografía mexicana.

Esos cientos de miles de toneladas que son recabados desde los hogares populares, por cada punto institucional es ordeñada producto de la corrupción que corroe las envestiduras gubernamentales, esas son las miserias del régimen, mucha de las despensa se queda en los almacenes o es utilizada con fines electorales, como el caso del gobernador del estado de ­Veracruz, Miguel Ángel Yunes, con su eslogan publicitario YÚNETE.

Enrique Peña Nieto y los demás funcionarios son histriónicos, porque dan el grito de independencia inmiscuidos en un contexto de crisis política, ahora agudizada con dos fenómenos naturales; es verdad que no se les puede responsabilizar por el hecho de que la tierra tenga movimientos en su interior, pero sí son responsables de no actuar adecuadamente en momentos como estos y también de lucrar con la desgracia del pueblo.

En estas horas difíciles estamos con nuestro pueblo. Nuestra solidaridad y apoyo a los habitantes de Chiapas, Oaxaca y Ciudad de México que se vieron afectados por estos fenómenos naturales, en especial a nuestros compañeros que pertenecen al FNLS que directa o indirectamente sufrieron los efectos de los sismos, en tiempos difíciles como los que hoy se presentan, hay que organizar a nuestro pueblo, no sólo para reconstruir lo que el terremoto destruyó, sino organizarnos para construir el esfuerzo de unidad que nos conduzca a la superación cualitativa de este régimen oprobioso.

Frente Nacional de Lucha por el Socialismo (FNLS)

 

 

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